lunes, 14 de diciembre de 2020

De la región histórica a la región virtual

 

De la región histórica a la región virtual

XV Congreso de Historia Regional,

Mazatlán, Sinaloa, México, (8 al 10 de diciembre de 1999).

 

Mauricio Yáñez

 

A Claudio Vadillo, por el amor que siente por la historia regional.

 


                        Inicio la presente ponencia con el ánimo de traer a cuenta una reflexión personal sobre las transformaciones que en la actualidad presenta, a fuerza de adoptar los cambios que la misma sociedad va sufriendo en esta última etapa del milenio, nuestra fuente de inspiración, nuestra querida historia, vista como una manera de hacer comprensible este presente tan convulso.

                        Expondré algunas ideas que se han planteado acerca de la manera en que se ha conceptualizado el saber histórico desde sus primeros tiempos llegando a una concepción metodológica bautizada como historia regional. En la segunda parte de esta exposición me dedico a hablar de las súper regiones o regiones universales, finalizo este trabajo en la actualidad del internet como súper carretera de intercomunicación e interrelación.

                        Para entrar en el tema, me acojo a la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que tiene la historia para convocarnos con tal fuerza y mantenernos reunidos en estos eventos? Si aún hoy día en las aulas universitarias muchos estudiosos siguen la discusión, muy enriquecedora por lo demás, acerca de sí ella, la historia, es una ciencia, un arte o sólo un entrañable cariño que nos lleva a recopilar datos para una investigación, o como lo plantea Octavio Paz “El historiador es un personaje a medio camino entre el científico y el poeta. No produce leyes ni metáforas sino coherencias”,[1] algunos de los aquí presentes furiosísimos me gritarán que la historia es una ciencia con toda la autoridad de cualquier otra, incluso igual, en cuanto a categoría, que aquellas conocidas como ciencias duras, porque sigue un riguroso procedimiento que la lleva a formular teorías con estricto apego a la verdad, a la verdad histórica por supuesto (quiero decir sin que el historiador emita juicios de valor), estos mismos defensores de la ciencia histórica dirán que la discusión que yo estoy planteando aquí carece de sentido pues desde el siglo pasado a la historia se le ha dado la categoría de ciencia. No obstante, sigue resultando interesante tal planteamiento; otros, menos acalorados, observarán que la historia más parece un arte porque el historiador, como paciente y sabio artesano, va moldeando lo que desea presentar a su público lector, extrayendo de esa fuente inagotable de los hechos históricos los que a su juicio merecen tal calificativo, los lleva al seno de una investigación para que queden por siempre plasmados y multicitados en trabajos ulteriores,[2] ello sin menoscabo de las grandes discusiones que se producen cuando nos referimos a ese parentesco, muy cercano por cierto, que tiene la historia con la literatura y que a la fecha sigue produciendo estudios que buscan romper con tal relación o establecer los continentes de cada una. Quizá, un tercer grupo de este auditorio me dirá que, efectivamente, la historia es un trabajo de anticuarios que buscan entre los añejos restos aquello que le permita darle un significado al pasado visto desde el presente.

                        Pues bien, sin entrar en minuciosos detalles sobre dicha tipología, dejando esta discusión para otros espacios, les diré que, en mi opinión, la historia son todas estas aseveraciones reunidas y por separado; es ciencia desde el momento mismo que sus investigaciones parten de preguntas claras, concretas y con una intencionalidad predeterminada que en la mayoría de los casos consiste o pretende apropiarse, desde el tiempo del mismo historiador, de un lejano proceso o acontecimiento, traerlo a cuenta y darle un significado dentro de nuestra cotidianidad, por lejano me refiero a la distancia que media entre el historiador y su objeto de estudio, en palabras dichas en 1953 por Lucien Febvre se diría que: “plantear un problema es, precisamente, el comienzo y final de toda historia”.[3] Además, reúne las características que, según Steven Weinberg, distinguen a toda ciencia “... el racionalismo, el escepticismo y la independencia de pensamiento”.[4]

                        Es un arte digno de su procuración y empeño y no me refiero sólo por su forma de presentación que todavía, en la mayoría de los casos, se hace a través de la palabra escrita -con la debida aclaración que en la actualidad existen otras formas de mostrar los resultados del trabajo de investigación tales como el video, el C D, etc.-, sino en estricto sentido al trabajo de creación que lleva a cabo cada historiador, es él quien da significado y moldea nuevas formas de interpretación de nuestro pasado, este raro personaje de la sociedad actual nos muestra, en cada trabajo de investigación, diferentes contextos de un mismo proceso histórico; de aquí que, el sentido artístico de la historia se halla, según creo, en la posibilidad de creación que en sí misma conlleva un trabajo artesanal. Los artistas de la historia, obviamente, parten de los datos que sus fuentes les aportan, y estos buscadores de realidades pasadas, con sus sabias manos les dan una ubicación diferente y los presentan ante su público ya sea éste especializado o poco versado en la materia. El producto de estos artistas-científicos tarda años en su gestación, su parto es difícil y la vigencia de estos trabajos depende de los nuevos hallazgos históricos que los propios estudiosos de la historia traigan a la luz en nuevos planteamientos.

                        De igual forma, no deja de ser un trabajo de viejos (aunque jóvenes en edad) anticuarios que nos pasamos las horas hurgando en la inmensidad de ese mundo de papel que son los archivos, pretendiendo seguir la huella de otros hombres, pero lo que en realidad estamos haciendo es buscarnos a nosotros mismos.

                        Lo único cierto es que esta laboriosa pero entretenida tarea es la única forma de no morir del todo, con su ejercicio seguimos presentes, rescatamos los espíritus de su mundo etéreo para mantenerlos vigentes trayéndolos a cuenta una y otra vez cuando se les requiere en cualquiera de nuestros trabajos de investigación, todo ello, considero, es la respuesta a la pregunta planteada inicialmente.

 


Historia regional

 

                        La historia, así solamente: la historia, desde sus orígenes se ha esforzado por darle respuestas a su sociedad, en esta tarea, desde el mismísimo Heródoto, ha empeñado sus armas, ha buscado cubrir tal expectativa, ha traído a cuenta nuestro pasado remoto, mediato e inmediato con la finalidad de hacer comprensibles nuestros tiempos.

                        Todo lo anterior, en cuanto a la posibilidad de atrapar la historia macro, también llamada historia nacional, en una sola mirada, dentro de este gran recipiente que es la historia nacional existe aquella que nos acerca a las profundidades de cada rincón del acontecimiento y del conocimiento histórico dando significado a temas y aspectos que para otros compañeros historiadores no tienen gran relevancia, esta mirilla por la que algunos nos acercamos a los procesos históricos es, sin duda, la historia regional, que reúne como ninguna otra el quehacer del científico, del artista y del anticuario que hemos señalado en pasadas líneas.

                        Esta forma de enfrentarnos a nuestro objeto de estudio tiene particularidades que la hacen, no mejor ni peor, sólo diferente de otros procesos teórico-metodológicos por los que a veces se llega a resultados similares, pero con los cuales diferimos en cuanto a la forma de apropiarnos el conocimiento.

                        La historia regional, como bien lo han señalado los conocedores de la materia, es la oportunidad de construir un objeto de estudio, o una hipótesis por demostrar como lo diría Van Young,[5] se buscan interpretaciones nuevas y desde la voz de los actores a sus propias preocupaciones, difiere, y eso sólo de forma, de la microhistoria de Luis González.[6] La historia regional cubre espacios más amplios según se los vaya planteando la misma naturaleza de la investigación; además, se recrea con detalles que el estudioso de la historia nacional no toma para sí y que para el microhistoriador ya están fuera de su contexto.

                        La historia regional, así llamada por esa posibilidad de adentrarse en un mundo concreto desde diversas perspectivas que pueden ser económicas, culturales, políticas, religiosas, comerciales, etc., hija legítima de la historia sin adjetivos, ha tenido una grata presencia dentro de la historiografía en los últimos tiempos, cada vez se observa más este tipo de estudios y con diferentes miradas cuyos ejemplos sería muy largo enumerar.

                        Apuntaré a favor de esta grata posibilidad de hacer historia, o historias, que su mundo siempre está lleno de la sustancia del ser humano como figura rectora de la historia. Aquí me acojo a lo dicho por Ignacio del Río[7] sobre las regiones humanas: se ocupa y preocupa por darle un significado a la labor cotidiana de los protagonistas de esos mundos plagados de amorosas presencias que se observan en su diario trajinar.

                        La historia regional, es pues, esa gran posibilidad de acercarnos a los hombres del ayer sin la pretensión de querer abarcar todo del todo, más bien buscando las minucias que nos permitan traer a cuenta situaciones que hacen posible la comprensión del todo.

                        Sin detrimento de lo dicho hasta aquí, observamos cómo el mundo va cambiando y como, debido a ello, la historia regional se enfrenta a modificaciones en sus parámetros de estudio con la finalidad de ajustarse a las nuevas realidades y a los nuevos contextos. En este fin de milenio se nos presentan problemáticas de investigación hasta ahora nunca vistas.

 

Las regiones universales

 

                        El mundo actual nos presenta serias dificultades para llevar a cabo estudios bajo el cobijo de la historia regional, debido, en gran medida, a que las regiones han ido ampliando sus espacios territoriales y culturales. Tenemos que México ha dado paso a una macrorregión comercial desde 1994 con la firma de un acuerdo de “libre comercio” con Canadá y los Estados Unidos; del otro lado del mundo, la Europa Central es ahora un compacto conglomerado de naciones dando sentido a la Unión Europea (UE); en el sur de América existe, desde hace años, una zona de comercio con particularidades e intereses que han fijado los habitantes de aquellas latitudes; del lado del mar Pacífico, y teniendo este Océano como polo integrador de una macrorregión, se cuenta con el mecanismo de Cooperación Asia-Pacífico (APEC por sus siglas en inglés); si a ello le agregamos que un producto, en muchos casos, tiene una fabricación multinacional debido al gran auge que han tenido las maquiladoras, incluso, en ocasiones, fuera de los acuerdos comerciales aquí señalados; luego entonces, por el lado comercial el panorama se vuelve nebuloso al estudiar dichas macrorregiones, como bien lo señala Daniel Bell:

 

 “Otra característica de la economía moderna es que el mercado no conoce límites y rebasa las líneas políticas. Así, en la búsqueda de beneficio, la gama de actividades económicas se traslada de lo regional a lo nacional hasta lo internacional y, por fin, a lo cabalmente global (que difiere de lo internacional), volviéndose un mercado =único= de capital y bienes”.[8]

 

                        Si fuera sólo en lo comercial, los historiadores seguiríamos construyendo regiones a escala local con sentido político, cultural o con algún otro elemento que nos permitiera asir un mundo concreto, pero los gobiernos se empeñan en dificultarnos el trabajo suscribiendo acuerdos en los que buscan integraciones regionales bajo un marco de cooperación, tal es el caso, y sólo por citar un ejemplo, de la Organización de Estados Americanos (OEA) que desde 1948 funciona en la búsqueda de la concordia del Continente Americano. Esta organización tiene como uno de sus objetivos, aunque no se encuentra escrito, el de materializar el sueño bolivariano, es decir, unificar en una sola entidad política a la América española, agregando en dicha propuesta, claro está, a los países del norte.

                        Siguiendo este orden de ideas, tenemos que en todos los documentos oficiales de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), se habla de una región iberoamericana, unida, principalmente, por la lengua española (con las excepciones de Brasil y Portugal) y un legado histórico común, su asiento geográfico se da en la Península Ibérica en Europa y en los países que integran la América Latina en este Continente. En la pasada Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, el presidente cubano Fidel Castro hizo un llamado a sus homólogos de la región iberoamericana para llevar a cabo esta integración buscando la fortaleza en la unidad.[9]

                        De igual forma, desde 1989 con la caída del muro de Berlín –que puso fin al proceso conocido como la guerra fría entre los países socialistas y aquellos cuya economía se suscribe al amparo del capitalismo-, la unificación de Alemania ha traído sus propias transformaciones de orden político, comercial y cultural, que sin lugar a dudas nos enfrentan a una nueva fisonomía regional; además, este acontecimiento está señalado como un parteaguas en la historia mundial. Dichos cambios también son perceptibles en la ex Yugoslavia o en la antigua Unión Soviética en donde se pueden establecer polos regionales con diferentes patrones de integración. Podemos seguir nuestra lista, pero lo que aquí sólo interesa es señalar la manera en que la fisonomía política del mundo se va configurando.

                        Estos cambios en los espacios regionales o bien en la construcción de nuevas regiones son solamente algunos ejemplos de las transformaciones que el mundo va teniendo, ello por no hablar de los cambios culturales que el gran flujo de inmigrantes de México y de la América Central producen en algunas zonas de los Estados Unidos, estos flujos de inmigrantes posibilitan polos regionales claramente identificados en los cuales se prioriza la cultura latina, dando así paso a una extensión regional de su propia tierra natal, ello con las variantes necesarias para la adaptación en otro contexto. Un claro ejemplo de esto son las zonas de mexicanos y de gente de otras nacionalidades en Los Ángeles, en esta parte de la Unión Americana se hablan, incluso, 81 idiomas diferentes.[10] De igual forma, países europeos, como Francia, reciben grandes grupos de inmigrantes, principalmente del norte de África y del Cercano Oriente, que buscan ocupación, trasladando con ellos su cultura, es decir, propiciando un intercambio cultural y la extensión de su región de origen.

                        Estas macrorregiones, establecidas con fines políticos o comerciales, no se circunscriben solamente a cubrir dichas funciones -comerciales o políticas- su trascendencia va más allá, en la práctica se da, por necesidad, un intercambio cultural -lo señalado para los inmigrantes- que sin lugar a dudas, con el paso del tiempo, modificará seriamente el desarrollo de nuestros pueblos, o si se quiere de nuestras regiones históricas hasta este momento conocidas, y en la mayoría de los casos, estudiadas.

                        Tenemos, por ejemplo, que en México nuestro tradicional “día de muertos” se ve coronado con una fiesta de Halloween que en nuestro país entró como una práctica norteamericana. Este tipo de manifestaciones de importación cultural es visto u ocurre en varias actividades de nuestra cotidianidad y en muchos casos no somos conscientes de dichas presencias. La aculturación en un fenómeno característico de los procesos de integración.

                        El establecimiento de estas regiones universales hace énfasis en actividades e intereses de una sociedad de suyo más amplia, por ende más heterogénea, buscando, precisamente, la uniformidad de ciertos parámetros que sean asequibles a cada pueblo dentro del marco de su competencia; de aquí que en lo político tengamos que importar, por ejemplo, modelos democráticos -el caso del bipartidismo como en los Estados Unidos, al cual aspiran algunos de los políticos[11] de este país-; en cuanto a lo económico, el modelo chileno se pensó, en algún tiempo, sería la panacea que borraría todos nuestros males en ese terreno; en fin, ha sido doloroso nuestro ingreso al mundo globalizado. Asimismo, habrá que entender que dichas transformaciones son reflejo y consecuencia de un debilitamiento de los Estados nacionales frente al proceso de globalización.[12] Ejemplo de lo anterior, son los estados o provincias separatistas que desean desligarse de una federación o pacto común, Quebec, en Canadá, es un caso de esta naturaleza. Estas integraciones multinacionales nos plantean dos escenarios insalvables, por un lado tenemos a la sociedad de consumo; por el otro, una sociedad con un fuerte apego a los fundamentalismos religiosos o étnicos.

                        No quiero dejar la impresión de que me opongo al “desarrollo” o al “progreso” que van teniendo nuestros pueblos, o que quiero traer a cuenta pensamientos de cepa nacionalista –que por otra parte, cabría señalar, existen diferentes grupos de corte nacionalista en distintos países que se oponen a la integración, como ejemplo el caso de los pueblos islámicos-, lo que desde un principio se planteó en esta ponencia es la reflexión sobre las adecuaciones que debe ir cubriendo nuestro trabajo como historiadores al enfrentarnos a la pregunta: ¿qué es una región histórica?,[13] si como vemos los espacios de las ahora llamadas regiones se extienden a límites antes no abordados, para estudios de esta magnitud o de semejantes extensiones el caso más conocido es el de Braudel y su espléndido trabajo acerca de El Mediterráneo[14] en que lleva a cabo un dibujo finamente acabado sobre una macrorregión.

                        Luego entonces, se nos presenta como una obligación adaptarnos a estos cambios que va teniendo el mundo en este intento por llegar a establecer una sola región universal[15] propiamente llamada, en donde sin importar el lugar se encuentren suficientes elementos que lo hagan sentir a uno como en su propia tierra, los estudios de historia regional necesariamente deben de tener en cuenta estas transformaciones más allá de si se quieren seguir o no. Como se ha visto, no ponemos el énfasis en los intereses de índole económica que pueden tener los Estados para suscribir acuerdos de cooperación, lo que traemos a cuenta es la necesidad de observar los cambios que el mundo está experimentando y cómo dichos cambios repercuten en la elaboración de investigaciones cuyo propósito es mostrar las conexiones regionales. De aquí que, a futuro, los estudios regionales tendrán que partir de divisiones nuevas, es decir, hablaremos de microrregiones como aquellos espacios locales que tiene su asiento en una superficie de cierta proximidad, quizá nos referiremos a aquellas cuya base geográfica no supere las fronteras de una nación o incluso sólo un par de estados o provincias.

                        Las macrorregiones estarán integradas por dos o más naciones en cuanto a su marco territorial, América del Norte, Mercosur, Pacto Andino, Unión Europea, etc., ineterrelacionadas, en su mayoría, por el factor económico y el aspecto comercial, que no el único, pero sí muy importante en estas conexiones.

                        Las regiones virtuales estarán definidas por la aplicación de las nuevas tecnologías de comunicación, el internet como herramienta principal, es decir, serán aquellos polos de interacción social posibilitados por el uso de los nuevos medios de comunicación, no sólo ligados al comercio sino a cualquier otra actividad de la sociedad.

 


Del taller al internet[16]

 

                        En este último apartado obviamos los intereses de mercado y económicos que están en el trasfondo de este arrasamiento tecnológico, de suyo el elemento más importante que guía dichos cambios; por ello, considero que este elemento, el económico, necesita por sí mismo un tratamiento por separado y a profundidad que habrá que estudiar en los tiempos venideros para entender todas estas adecuaciones del mundo. En ese sentido Marcos Kaplan señala que: “El crecimiento y la integración internacionales se dan sobre todo bajo la forma de enclaves técnico-económicos y socioculturales que contribuyen a la creación de nuevos polos y ejes socioeconómicos y a la apertura de brechas internas en la economía, la sociedad, la cultura y el sistema político”.[17]

                        Por otra parte, los polos hemisféricos, en cuanto a comunicación se refiere, se han unido, virtualmente hablando, al grado de “estar” en otra parte del mundo consiguiendo información o datos de interés, en cuestión de segundos, debido a la magia del internet. Daniel Bell refiere que “(el internet) se ha convertido en la manera de unir la imaginación colectiva”.[18] Por su parte, Denise Pelissier ha definido el internet como una aldea electrónica,[19] dicha definición en sí misma es una propuesta de aldea universal carente de fronteras geográficas lista para interactuar.

                        Con esta poderosísima tecnología las fronteras de las naciones se desdibujan cada vez más transformándose en fronteras imaginarias o virtuales, los espacios regionales se modifican a velocidad asombrosa, tanta que en muchos casos ni lo percibimos; al volver los ojos cada región tiene interconexiones diferentes que por ende dan forma a nuevas estructuras que habrá que ir considerando y conociendo; dichas estructuras, integran regiones de carácter eminentemente virtual, es decir, con capacidad de crear una entidad regional perfectamente reconocible en donde se pueden observar las interconexiones que se dan con las nuevas tecnologías. Tenemos por ejemplo que para realizar un pedido de autos a cualquier empresa que se dedique a su venta, no es necesario acudir al lugar donde se encuentra la planta armadora. No obstante, interactuamos con las personas que los fabrican por el uso mismo del artículo en cuestión, la calidad, etc. De igual forma, vía internet, se puede visitar el “Museo del Prado” y bañarnos en las profundidades de su inmensa inspiración cultural sin necesidad de estar de manera corporal en España.

                        Por lo anterior, la historia regional, vista con los nuevos parámetros de la configuración multinacional, que se ocupe de encontrar los elementos que dan coherencia o aglutinan a una región virtual formada por las nuevas tecnologías, deberá tener presente los cambios en lo social, en lo cultural, en lo intelectual, en lo político, en lo económico, etc., observando todos los movimientos que la misma sociedad le muestre y relacionados con los usos de las nuevas tecnologías.

                        Luego entonces, el internet le presenta al historiador serios problemas de índole teórica, es decir, habrá que ir asumiendo las nuevas características que el nuevo orden mundial nos plantea, así como la manera en que de ahora en adelante se relacionarán las personas que, como consecuencia, trae nuevos parámetros para la investigación con planteamientos nuevos a preguntas igualmente nuevas.

                        De ningún modo se piensa que nuestro oficio pasará a verse como un oficio de segunda ni mucho menos, lo cierto es que con mayor frecuencia los archivos históricos son ahora archivos electrónicos -guardados en mini disquettes- al alcance de quienes tengan la posibilidad de contar con las herramientas tecnológicas necesarias, que, incluso, cada vez son más estas posibilidades, el acceso al mercado de las computadoras otorga día a día mayores facilidades para la adquisición de un equipo de cómputo cargado con todos los adelantos en la materia, o bien, casi todas las escuelas superiores les brindan a sus alumnos la posibilidad de acercarse al internet y la posibilidad de contar con una dirección electrónica, esto sin mencionar que ya se cuenta, en la práctica, con estudios de posgrado de los llamados “a distancia”, qué sin que el alumno tenga que pisar, necesariamente, el campo universitario puede obtener un grado académico superior, y no me refiero en esta modalidad de estudios solamente a universidades particulares, sino también señalo el caso de instituciones públicas como el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) que ya cuentan con tales esquemas de enseñanza.

                        En esta parte haremos un breve recuento de los equipos informáticos que el INEGI reporta para México.

 

 

1993

1994

1995

1996

Línea telefónica por cada 100 habitantes.

7

9

11

13

Infraestructura eléctrica (por millones de hogares)

90%

91%

92%

93%

Computadoras personales por cada 100 habitantes

 

3

 

 

Hogares con computadora personal.

 

3%

 

 

Fuente: Página web del INEGI www.inegi.gob.mx (informática/estadísticas).

 


                        Desgraciadamente no contamos con datos oficiales más actualizados que los presentados, pero sabemos que la tendencia ha ido en aumento en forma considerable.

                        Los cambios que estamos viviendo nos traen a cuenta nuevas posibilidades de estudio, las transformaciones surgidas con la “revolución informática” en los últimos treinta años son asombrosas; además, estas tendencias de crecimiento tecnológico parecen irreversibles. Sin lugar a dudas, el hombre de mediados de siglo que tuviese veinte años en aquella época lejos estaba de imaginar siquiera lo que sus ojos verían más tarde, hoy somos capaces de creer lo que se nos plantee como invento o adelanto científico sin que tengamos un asomo de duda, lo que también es una realidad es que nuestra capacidad de asombre ha ido perdiendo terreno debido a la velocidad con que nos enteramos de los adelantos de la ciencia.

                        Adaptarnos a la velocidad de estos procesos es el reto que tenemos frente a nosotros en este fin de milenio. Esta adaptación tiene sentido al concluir que el trabajo del historiador es necesario aún en esta sociedad tecnologizada, en donde cada vez, en menor medida, se preocupa por el registro documental, dando prioridad a la visualización de la imagen, inmersos en lo que han dado en llamar la “cultura de la imagen”. De aquí que habrá regiones que tendrán ese sentido virtual, es decir, las buscaremos al ubicar algunas interconexiones de comunicación que traigan a cuenta el sentido histórico de los cambios que la sociedad va enfrentando.

                        El historiador de los años venideros tendrá que acercarse a la fuente hemerográfica, como abrevadero, cuando decida plantear la historia de mundos pasados, haciendo las consideraciones que cada fuente requiera, conociendo para ello sus orígenes, motivaciones, la currícula de sus articulistas, la importancia que representó en su tiempo y ante su sociedad dicha publicación; de igual forma, la historia oral tendrá auge en la reconstrucción del pasado próximo ya sea utilizada en el nivel de lo que a futuro será lo microrregional -ello si se acepta la concepción de las macrorregiones aquí señaladas-, como también para la elaboración de biografías de cercanos personajes, cercanos en el tiempo claro. Horacio Guadarrama[20] ha señalado que la historia oral permite conocer el punto de vista de los involucrados en el desarrollo de la historia, la vida cotidiana de los mismos, sus valores, aspiraciones, etc.

                        Asimismo, la historia comparada[21] nos permitirá acercarnos a lo que sucede en diferentes polos geográficos, pero que guardan un punto de encuentro en algunas de sus manifestaciones de vida, dando con ello paso a una región fuertemente interrelacionada que será reconocible como una verdadera entidad histórica.

                        Sin duda, para la elaboración de estas investigaciones las visitas a los archivos seguirán siendo frecuentes, sobre todo a los archivos diplomáticos, allí encontraremos las huellas que nos acercarán a la comprensión y construcción de las regiones en que ahora se integran e integrarán nuestros terruños que imperceptiblemente también se han modificado en este gran concierto multinacional.

                        Con responsabilidad habremos de asumir la tarea que nos corresponde al dar respuesta a las interrogantes de esta nueva fisonomía del mundo y sus cada vez menos precisas divisiones en lo económico, lo político o lo cultural, en todo aquello que da cuerpo y sentido a una región histórica, adoptando, para ello, la postura del humanista crítico comentada por Mónica Prieto, en la que el científico “entienda y se adapte a la velocidad del proceso de los cambios”.[22]

                        La tecnología actual y del futuro, como hemos visto, transforma el devenir cotidiano de los hombres, seres históricos que poco a poco tratan de adaptar sus usos y costumbres dentro de estos marcos de referencia; no obstante, seguiremos afanosamente nuestra tarea, sin olvidar, desde luego, que nuestro centro rector, que el ingrediente indispensable para nuestras regiones históricas sigue siendo la sustancia humana, que el hombre con toda su complejidad y lo que a él corresponde, es lo único que nos sigue interesando presentar, que su huella es la que seguimos los historiadores, que la finalidad de la región histórica es traer a cuenta el paso de los hombres que hicieron posible nuestro presente, observando a este ser histórico desde sus propios quehaceres que inicia con el despunte del alba y no abandona sino hasta escuchar el canto nocturno de la cigarra.

 

 

Ciudad de México, diciembre de 1999.

 

 

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[1] Citado por Cinna Lomnitz, en “Ciencia y política”, en Nexos de enero de 1997. Pág. 35.

[2] Para este asunto de los hechos históricos se puede consultar ¿Qué es la historia?, de Edward Carr, lo mismo que el capítulo de “historia” en Antropología filosófica de Ernest Cassirer.

[3] Lucien Febvre, Combates por la historia. Pág. 42.

[4] Steven Weinberg, “La ciencia y sus problemas en el fin de siglo”, en Vuelta No. 247. Pág. 21.

[5] Erick Van Young, Haciendo historia regional: consideraciones metodológicas y teóricas.

[6]Luis González y González, Invitación a la microhistoria.

[7]Ignacio del Río, “De la pertinencia del enfoque regional en la investigación histórica sobre México”, en Históricas, diciembre de 1989.

[8] Daniel Bell, “Reflexiones al término de una época”, en Vuelta No. 245, abril de 1997, Pág. 12.

[9] Discurso de Fidel castro en la IX Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, celebrada en La Habana, Cuba, el 15 y 16 de noviembre de 1999.

Se pueden consultar las nueve Declaraciones de estas Cumbres en: www.oei.es.

[10] Considero oportuno remitir al lector al artículo “La raza cósmica en Estados Unidos” de Ryszard Kapuscinski, publicado en Nexos de enero de 1997.

[11] El senador por el PRI Eduardo Andrade, se refirió a este sistema bipartidista como la “democracia madura” frente a la democracia incipiente que México tiene en la actualidad, entrevista que le hicieron en el programa radiofónico Monitor, del 1 de diciembre de 1999.

[12]Serge Gruzinski, hace énfasis al respecto en su artículo “Entender el mestizaje”, publicado  en Letras libres de junio de 1999.

[13] En ocasiones anteriores he planteado la idea de región histórica como “la expresión de procesos sociales (humanos) conceptualizados en el tiempo con una base geográfica” en Yañez Bernal, Mauricio. El insurgente José Francisco Osorno y la Revolución de Independencia en los Llanos de Apan 1810-1821. Un estudio regional.

México. Tesis de licenciatura. ENAH. 1999. Pág. 8.

[14]Fernand Braudel, El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II (2 tomos).

[15] Porfirio Muñoz Ledo, candidato a la presidencia de México por el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM), en el programa de televisión Zona Abierta, transmitido el sábado 20 de noviembre de 1999, hizo énfasis en la integración multinacional, allí mismo se refirió a la formación de una “nación latinoamericana”, que según él estaría integrada por México y los países de Centro y Sudamérica.

[16]Para los efectos de esta ponencia se recurrió a la publicación El Correo de la UNESCO (en español) de febrero de 1995, debido a que dicha revista llega a más de 150 países, es publicada en 30 idiomas y presenta especialistas en cada tema. No obstante existen, ahora, cientos de títulos que hablan sobre la sociedad y el internet.

[17] Marcos Kaplan, “Integración internacional de América Latina: Aspectos políticos”, pág. 104.

[18] Daniel Bell, “El despegue de la era digital”,  en Letras libres No. 4, pág. 27.

[19]Denise Pelissier, “Internet. Invitación a viajar”,  en El Correo de la UNESCO. Febrero de 1995, Pág. 19.

[20] Horacio Guadarrama. Historia oral: Usos y abusos. Pág. 71

[21] Como ejemplo de estudios de historia comparada se puede consultar el artículo de John H. Elliot, “Tienen las Américas una historia común”, publicado en Letras libres, de junio de 1999.

[22] Mónica Prieto, “El Humanismo en la era digital”, en Nexos, diciembre de 1999. Pág. 92.

sábado, 14 de noviembre de 2020

MINUTO 90

 Minuto 90

mauricio yáñez

 


Puedo decir que con el paso del tiempo ha llegado la amargura. Cada una de las partes de mi mente y mi cuerpo se resisten a la inclemencia del tiempo. El tiempo lo es todo.

                        Una fracción de segundo es lo que se necesita para cambiar una vida. Pasar de una existencia gloriosa a una vida ruinosa, es cosa que ésa micro fracción de tiempo trae consigo y la hace tan importante.

                        Me dediqué al fútbol durante muchos años. Fui la estrella del equipo, un dios para el público y un héroe para mis compañeros, todos me adoraban. Pero la efímera gloria se la llevó la fatalidad.

                        Era un domingo de final de campeonato. Las apuestas estaban muy parejas y ninguna escuadra daba ventaja. Durante la semana previa al encuentro, los capitanes se dedicaron a calentar los ánimos, tanto de sus equipos como del público.

                        Podría decirse que en la cancha estábamos los dos equipos que a lo largo del torneo obtuvimos los mayores merecimientos. Ambos hicimos campañas sin dar ni pedir tregua.

                        El encuentro transcurrió con muchas emociones, pero sin alcanzar a definir un vencedor. El minuto noventa estaba próximo, todo parecía indicar que tendríamos que aplicar un esfuerzo adicional en los tiempos extras e incluso llegar a los penaltis.

                        Una escapada del “Flaco” Olvera por la banda derecha hizo levantar a nuestra tribuna que empezó a festejar ese último esfuerzo. Olvera mandó un centro al área enemiga donde ya lo esperábamos el Chino Domínguez y yo. El balón venía en el aíre, Chino Domínguez levantó su menudo cuerpo con la idea de asestarle un sólido cabezazo al esférico al mismo tiempo que Juan Fierro, un defensa del equipo contrario, lo derribó. El árbitro con todo justicia marcó un penalti a favor nuestro. Se escuchó un inmenso murmullo, unos silbaban aprobando la decisión del nazareno y otros lo increpaban. El cronómetro dejó constancia de que el encuentro había agotado su tiempo regular.

                        No obstante que habíamos llegado al minuto noventa, el cobro de la falta tendría que ejecutarse antes de concluir el partido.

                        El capitán de mi equipo tomó serenamente el balón y me lo entregó, me dijo que nadie mejor que yo para cobrar la pena máxima y convertir al equipo en campeón.

                        Era el final del partido. Después de noventa minutos de acciones seguía prevaleciendo el empate. En mis botines tenía la oportunidad de darle el triunfo al equipo y por ende el anhelado campeonato. Agarré el balón y lo coloqué en el lugar que indica la regla.

                        El árbitro nos llamó el portero del equipo contrario y a mí, lo mismo que a cada uno de los capitanes para explicar que en estos casos sólo se permite un toque de balón si el portero lo rechaza o pega en el poste y no entra, se acaba el partido. Por el contrario, si el balón entra libremente o bien pega en el portero o en el poste y entra se marca gol y, de igual forma, termina el encuentro.

                        Después de la breve charla todos regresamos a nuestras posiciones: los capitanes al filo del área grande, el portero a la línea de meta bajo los postes de su portería; en mi caso, frente al balón en el punto que indica el cobro de la pena máxima.


                        Miré a los ojos del guardameta enemigo que se encontraba frente a mí. Tomé una prudente distancia para mejorar el impacto. El estadio enmudeció cuando pateé la esférica, instante que por lo demás a mi me pareció que duró toda la eternidad, el balón cobró altura, rozó las manos del portero… Es una fracción de segundo lo que separa la gloria del averno.

 

Ciudad de México, 23 de abril de 2007.

 

miércoles, 11 de noviembre de 2020

ELOGIO A LA OSCURIDAD

 

Elogio a la oscuridad

Mauricio Yáñez

“El cuerpo de Benjamín Jurado se balanceaba en el aire, se había colgado con una soga amarrada al cuello. Quedó suspendido, en espera del fin de los tiempos, como fruto prohibido del árbol del bien y del mal de un paraíso apócrifo. En los jardines que rodean la residencia, en las ramas de un pirul, yacía sin vida quien en un tiempo fuera una de las personas de mayor confianza del poeta Horacio San Martín”.

 ¿Benjamín Jurado se suicidó o su muerte fue un homicidio? De ser el caso, ¿quién de los doce escritores que se encuentran como becarios en la residencia de descanso fue el responsable de la muerte del asistente del poeta? ¿Cómo se relaciona esta muerte con los asesinatos cometidos por La dama de seda a finales del siglo XIX?

 De forma magistral, la novela Elogio a la oscuridad de Mauricio Yáñez, plantea un acertijo de luces y sombras que lleva al lector a desvelar los más recónditos secretos de un grupo de escritoras y escritores que se hallan recluidos en una residencia de descanso, de la que no podrán salir hasta descubrir al culpable. Ninguno de estos dilectos autores parece tener motivos para cometer un crimen de tal magnitud ¿o sí?

 


DESDE LAS GRADAS

 Desde las gradas

Mauricio Yáñez

 


Desde las gradas, Pancho García miraba el desarrollo del encuentro. Quería jugar y no se lo habían permitido, así que tomó la posición de aficionado y se fue a sentar en las lastimosas tarimas que hacían las veces de gradería para el público asistente que, por lo demás, era escaso.

                        A sus cortos doce años, Pancho García soñaba con ser estrella de fútbol. Portero era la posición que más le gustaba. Su ídolo era Gustavo “El Arlequín” Domínguez, quien se distinguía por sus lances acrobáticos y sus ropajes estrafalarios que antagonizaban con la seriedad de los uniformes de sus compañeros de equipo. Pancho, en lo que podía, imitaba al famoso “Arlequín”, incluso tenía su uniforme de portero, similar al que usaba su ídolo.

                        En los encuentros del barrio, con sus vecinos, siempre se arrimaba para que lo eligieran para el equipo, pero los muchachos lo hacían a un lado y no le permitían tomar parte de las “cascaritas” en la calle. No obstante, los acompañaba a los arrabales donde se encontraban las canchas del deportivo.

                        Los terrenos del deportivo eran algunos rectángulos de tierra suelta, en un predio irregular. En esos feudos se pintaban, también de manera desigual, los límites que dieran forma a un campo de fútbol. Nadie cuestionaba las medidas, ni del campo ni de las porterías. La seriedad con la que ahí se disputaban los partidos de fútbol contrastaba con lo improvisado de la cancha.

                        Todas las semanas, al regreso del deportivo, llegaba a su casa con el uniforme bañado en polvo. Su rostro se atestaba de sudor y tierra, al igual que el de sus compañeros. Su cuerpo adolescente despedía pestilentes aromas. En el entretiempo de los partidos o al finalizar la contienda en la que participaban los muchachos del barrio, Pancho se quedaba en el campo e imaginaba estar en algún juego. Sin importarle la risa de los demás, García se ubicaba en el área de meta y se lanzaba tras el imaginario balón. En sus prolíficos sueños, la portería que él defendía nunca fue tocada por un gol del conjunto rival.

                        Los Cachorros, era el nombre del equipo. Llenos de orgullo representaban a la colonia Bella Vista, lugar donde vivía García y la mayoría de los muchachos. Recibían invitaciones para enfrentarse con equipos de otras comunidades. Pancho disfrutaba con acompañarlos a todos los juegos porque eso lo hacía sentirse parte de ese núcleo identitario. «Muy bien Pancho, ya sabes, debes estar listo por si te necesitamos», le decían.

                        Sus doce años y su enorme deseo de jugar no lo engañaban, sabía que tenía pocas oportunidades de verse en el equipo titular; sin embargo, cada tarde hacia sus prácticas en la parte posterior de su casa. Pegaba al balón con toda su fuerza contra la pared de la vivienda para que rebotara y Pancho pudiera seguir su práctica. Su madre, en ocasiones lo reprendía por los golpes dados a la pared, pero terminaba por permitir al hijo continuar con su juego.

                        Pancho García no se desanimaba porque los del barrio no le pusieran atención y no lo llamaran para integrarse al once titular, él seguía realizando sus practicas día con día. El fin de semana difícilmente perdía la ocasión de ver por la televisión algún partido, sobre todo si jugaba El Arlequín Domínguez.

                        Una de esas tardes polvosas de mayo, con el sol cayendo a plomo, Pancho acompañó a sus amigos a los campos del deportivo, jugarían contra el equipo de la colonia vecina. Se perfilaba un buen encuentro. Como siempre, Pancho se acercó al corrillo en espera de una oportunidad para figurar en la alineación titular. «Estate listo para lo que pase» le dijo “Morris”, capitán del equipo, al tiempo que tomaba el balón entre sus manos y se alejaba. Pancho subió a las gradas y se dispuso a presenciar el juego y, en su caso, celebrar los goles de su escuadra.

                        Después de que los capitanes de ambos clubes pactaran cuestiones mínimas, el partido dio inicio. El primer tiempo transcurrió sin definir la superioridad de ninguno de los contendientes y se fueron al descanso con un marcador sin goles. Al inicio de la segunda mitad, Toño Lagos, el portero, se lanzó para evitar un gol y se lastimó un hombro. El partido se detuvo.

                        La realidad era que no habían previsto esta situación y Los Cachorros no llevaban jugadores suplentes. Lagos no podía continuar porque le dolía mucho el hombro. El capitán dijo que necesitaba reponer a su portero, pero no llevaba a nadie. «No te puedo prestar a mis jugadores» contestó el capitán del equipo rival e invitó para que continuaran el partido colocando a alguien de campo en la portería. «Le voy a decir a aquel si quiere jugar» señaló a Pancho, pero el capitán rival se opuso. «Pancho no puede jugar», «¿Por qué no?», «no ves que le falta una pata», «no importa. ¿Quieres jugar?» gritó a Pancho. Inmediatamente dijo que sí, dio un salto en su lugar en lo alto de las gradas y se trasladó al sitio donde estaban los capitanes. Corría apoyado de su muleta y dando saltos con su única pierna. La mayoría de los jugadores rieron al ver que Pancho García, “el cojo”, se disponía a ocupar el lugar del guardameta lesionado.

                        Pancho estaba por fin dentro de la cancha de fútbol en un partido verdadero. Soñó hasta el cansancio con ese momento, con el día que él se viera bajo los tres postes defendiendo la portería de su equipo.

                        El partido estaba por concluir, un delantero del cuadro rival tomó el balón y con el alma en vilo escapó por la banda izquierda. Pancho miró venir al ofensor, éste hizo una diagonal hacia el centro del campo. El delantero contrario dejaba atrás a la defensa de Los Cachorros, se colocó frente a Pancho y pegó a la pelota con toda su fuerza. El balón empezó a elevarse, Pancho lanzó a un lado la muleta y con su única pierna se impulsó para alcanzar el esférico, sabía que, a partir de ese momento, no vería más el fútbol desde las gradas.

 


 Tultitlán, México, 18 de mayo de 2008

 

domingo, 2 de agosto de 2020

City

 

CITY

maurico yáñez

 

Sólo quedó conmigo la ciudad, triste y sola.

  

Ciudad de México, enero de 2006

 


lunes, 20 de julio de 2020

Foros de Discusión sobre políticas Culturales



Foros de Discusión sobre políticas Culturales
Mesa CAB de Cultura: Región MERCOSUR
31 de julio al 5 de agosto de 2008, Argentina

Experiencias de las Mesas CAB de Cultura

Guillermo Sunkel[1] nos llama la atención acerca de tres posibles escenarios para entender conceptualmente a la cultura actual: Primero, la noción de cultura como una forma de vida. Segundo, la multiculturalidad como referente de los cambios en la composición poblacional y finalmente, la cultura como producto de la articulación del funcionamiento de las instituciones sociales con los medios de comunicación.

Afortunadamente, hace tiempo dejamos atrás la idea decimonónica de que la cultura sólo se refería a temas de índole estético, por una mayor y, desde luego, mejor apreciación en cuanto al quehacer, en el terreno de lo cultural, de las mujeres y los hombres en el desarrollo de su comunidad, es decir, por una apropiación más antropológica. Pablo da Silveira la define, a la cultura, como el patrimonio común de las ideas, conocimientos e interpretaciones que nos permiten afirmar que vivimos en un mismo mundo[2].

La mención de estos dos especialistas de la cultura nos sirve para hacer énfasis en una realidad: el mundo se ha globalizado. Estamos viviendo una transformación cultural que nos rebasa, la globalización nos ha tomado por sorpresa y no nos ha dado tiempo para pensar en cómo debemos enfrentarla.

Aquí no nos detendremos a encontrar una definición unívoca que dé cuenta de nuestro quehacer. Con este complejo sistema de significados rastrearemos en el hacer cotidiano las acciones de los promotores culturales, administradores de la cultura, creadores y demás actores, las prácticas tendientes a la construcción de los espacios de diálogo y reflexión que apuntan, en sus fines, a la construcción de una cultura para la integración.

Cito, nuevamente, al Dr. Pablo da Silveira que dice “… si queremos darle un mejor equipo cultural a los miembros de las nuevas generaciones… el primer frente de ataque no estaría en la institución escolar sino fuera de ella, más precisamente en ese terreno difuso pero decisivo al que llamamos cultura… ¿Significa esto que tenemos que olvidarnos de la escuela? Ciertamente no. Pero sí significa que, además de docentes bien preparados y de planes de estudio suficientemente flexibles y actualizados, precisamos de agentes culturales que nos ayuden a explorar las posibilidades que encierra este nuevo mundo”[3].


Pues bien, este es el quehacer que nos reúne hoy día en este encuentro, ello gracias al concurso del Convenio Andrés Bello (CAB), la Secretaría de Cultura de la Presidencia Argentina y otras instancias que gustosamente se han sumado a estas iniciativas.

Quienes hemos estado cerca del CAB sabemos que una de sus metas primordiales es el fortalecimiento de los procesos de integración para la construcción de una comunidad de naciones mediante la consolidación de una cultura de integración. Las Mesas CAB de Cultura buscan la convergencia de todos los actores cuya labor sea precisamente coadyuvar en la realización de este objetivo fundamental del Convenio.

Los objetivos de las Mesas han quedado debidamente definidos: propiciar un espacio para el intercambio en torno a los procesos culturales locales, identificar temas y socios locales, así como generar reflexiones y debates en torno a las políticas culturales.

Para tal efecto, en un marco de pluralidad, respecto y apertura se busca la participación de todos los actores de la cultura, es decir, reunir a los creadores, a los gestores culturales, académicos, artistas, representantes de la sociedad civil y representantes de agencias de cooperación internacional, cuyo objetivo sea el cuidado y desarrollo de nuestro patrimonio cultural para construir un espacio de diálogo donde quepan todas las ideas y todas las voces.

Las Mesas CAB de Cultura iniciaron en Bogotá y, a partir de allí, han ido recorriendo el continente para dar cuerpo a una concepción común. En agosto de 2007 se realizó la Mesa Mesoamericana en San Salvador. Posteriormente, en octubre del mismo 2007, nos reunimos en un encuentro similar en la Mesa Andina, en la ciudad de Quito en el Ecuador. Ahora nos recibe Argentina. Se continuará en La Habana con la Mesa para el Caribe, y se cerrará el ejercicio en Bogotá con la Mesa de Mesas.

Este preámbulo sólo sirve para llevarnos a la reflexión, espero suficientemente profunda, acerca de lo que queremos sea el escenario desde el cual se incida en la construcción de políticas públicas para una cultura de la integración, cuyo rostro este sustentado en el desarrollo cultural de nuestros pueblos y con las voces de sus principales actores, la ciudadanía.


Ahora bien, qué buscamos en estas aproximaciones con los actores de la cultura. Sin duda queremos tener la certeza de que nos encontramos en el camino correcto para la construcción de políticas públicas en el ámbito cultural que nos acerquen a vivir en sociedades plurales, tolerantes, dialógicas y democráticas –aquí no nos referimos exclusivamente a los indispensables valores políticos, sino a todo este sistema de preceptos que nos llevan a una convivencia pacífica- donde todos los rostros sean uno solo pero al mismo tiempo se conserven las particularidades de cada rincón de nuestros pueblos. Entendemos que la mayoría de los temas importantes de la vida ciudadana se da en ámbitos locales.

De ninguna manera resulta ocioso decir que es la cultura quien se encarga de dar cuenta del desarrollo de cada nación y su acercamiento con la apertura democrática a la que aspiramos con ahínco.

En las distintas Mesas ya efectuadas se han abordado diversos campos y las conclusiones de cada una de ellas tienen puntos de contacto entre sí que valdría la pena rescatar. En ellas, se ha dejado en claro las grandes limitaciones que rodean a las políticas culturales cuando éstas sólo responden a vaivenes políticos, es decir, políticas inmediatistas que no atienden a los reclamos de los generadores de cultura, sino sólo al grupo de poder en turno. Ni que decir de los inmensos recortes presupuestales al ramo de la cultura en cada “emergencia” económica, por las que se ven afectadas todas las administraciones públicas de nuestros países.

Por otra parte, también es claro que las políticas culturales “en turno” no son incluyentes de todas las corrientes estético creativas, mucho menos tienen el carácter integrador en temas que hoy por hoy son nuestra preocupación, tales como: cultura y medio ambiente –donde podría rescatarse al viejo saber de nuestros pueblos originarios y su trato para con la tierra-, cultura y educación –cuyo proceso sabemos parecería indisoluble, pero lamentablemente también sabemos que se ha priorizado en el ámbito escolar formal el estudio de las ciencias duras y el conocimiento del hombre por el hombre mismo está lejos de ser una rama de atención prioritaria-, incluso también es importante hablar de cultura y tiempo libre creativo, de empresas culturas y de una gama de temas que sólo en Mesas y Foros de Discusión como este se rescatan.

Así, estamos lejos de configurar mercados de bienes simbólicos y culturales que se inserten en los procesos de la globalización tan vigente en nuestra actualidad. Cuando señalamos el término globalización pareciera que sólo afecta o sólo nos referimos a los mercados económicos y no reparamos en la cantidad de áreas de nuestra vida que se ven violentadas con dicho proceso.

Estas y otras tantas reflexiones han tenido su espacio en las Mesas CAB de Cultura. A partir de ellas se ha dado voz a los sin rostro, a quien pocas veces han sido escuchados, asimismo se han logrado rescatar importantes ideas para el desarrollo de la sociedad a través de la reflexión en torno a la cultura. Algunos ejemplos de estas ideas son:
·        La necesidad de incidir en el tema de Formación para la gestión cultural.
·        La oportuna y también necesaria tarea de crear Observatorios culturales para la elaboración de políticas culturales efectivas desde lo local. Considerando que el espacio geográfico es rico en memorias, consensos y tensiones que sólo los que lo viven pueden dar cuenta de ello.
·        Trabajar con denuedo en el tema de Cultura en el ámbito de la educación formal y no formal.
·        Un tema de suma importancia es la Cooperación internacional para la búsqueda de apoyos a proyectos culturales viables, en este caso juega un relevante papel el concurso de los organismos internacionales. Es importante incorporar el tema de cultura en la agenda de las negociaciones internacionales.

Como dije, estas reflexiones son sólo botones de muestra de las acciones que nos falta por realizar en torno a procesos culturales para el desarrollo. Entendemos que la cultura reviste una mayor importancia cuando se inserta en la vida social como un instrumento coadyuvante para la cohesión social, hacia allá enfilamos nuestros pasos.


Antes de concluir quiero referirme a tres temas que considero son vitales y a los cuales les debemos una mayor atención: Primero, el tema de Cultura y Migración. Sabemos que los flujos poblacionales tanto internos como externos provocan tensiones difíciles de encarar, toda vez que los desequilibrios que suscitan en las comunidades receptoras de población migrante muchas veces impiden observar las nuevas posibilidades de interacción cultural. Estimo que el tema de cultura y migración deberá abordarse con mayor amplitud en cada reunión de esta naturaleza.

El segundo tema que considero de una mayor relevancia y que aún no hemos abordado en su totalidad es el tema de Cultura y Juventud. Las y los jóvenes de de nuestra América Latina, se encuentran a la expectativa de conocer cuáles serán las políticas públicas que los aprecie como el centro de atención. La atención que demos a nuestros jóvenes tendrá un efecto positivo en el futuro inmediato de nuestros pueblos porque elevará el desarrollo social de manera exponencial.

El tercer punto tiene que ver con el tema de la violencia. El mundo contemporáneo nos presenta un alto grado de violencia, tanto social como criminal, que nos impide una convivencia pacífica y plena. En alguno de nuestros países los temas como narcotráfico, guerrilla, prostitución infantil, delincuencia organizada, cubren las primeras planas de los diarios locales, los vemos tan cercanos que su presencia nos parece cuasi normal. Sucede lo mismo con los temas de violencia social tales como pobreza extrema, discriminación por diversas causas, y tantos otros que nos hemos acostumbrado a vivir con ellos. Considero que no debemos permitir que nuestra convivencia esté mediada por estas laceraciones sociales.

En ese sentido, apelo nuevamente a la cultura  y, desde luego, a los gestores y administradores culturales, como el instrumento capaz de ofrecer alternativas viables para encarar estas tres demandas enunciados.


Finalmente, tenemos que regresar a la pregunta de origen ¿qué queremos propiciar con nuestras Mesas de Cultura? En resumen, lo más importante que vemos para el futuro cercano es la consolidación de lo que se ha logrado en más de una década, a través de los esfuerzos del CAB, y presentar un cuadro coherente y general que haga énfasis en el campo de las políticas públicas desde las estrategias de desarrollo creativas. Consideramos que estamos en la búsqueda de construir una política cultural que fortalezca la integración latinoamericana e iberoamericana, toda vez que nos reconocemos en un tronco compartido, pero al mismo tiempo rico en su pluralidad, aquí está el sustrato decisivo de lo que a cultura se refiere de una integración con sentido contemporáneo. 








[1] Sunkel, Guillermo. “Cultura, conflictos y formas de convivencia” en América Latina, otras visiones desde la cultura. Bogotá, CAB, 2005, 39-67 Págs.
[2] Da Silveira, Pablo. “La educación siempre llega tarde”. http://www.eoi.es/pensariberoamerica/ric03a04.htm.
[3] Op. Cit.

viernes, 17 de julio de 2020

El Insurgente José Francisco Osorno y la Revolución de Independencia en los Llanos de Apan 1810-1821


El Insurgente José Francisco Osorno y la Revolución de Independencia en los Llanos de Apan 1810-1821.
Un Estudio Regional.
(PONENCIA)
 Mauricio Yáñez Bernal


                        Se me ha pedido que hable, brevemente, sobre el proceso de investigación que se llevó a cabo hace algún tiempo bajo el amparo del Taller o PIF de Historiografía Regional. A la postre, dicho estudio arrojó como resultado la tesis “El Insurgente José Francisco Osorno y la Revolución de Independencia en los Llanos de Apan 1810-1821. Un Estudio Regional”, que fue presentada para obtener el grado de la licenciatura en historia, en esta misma escuela.
                        La tesis de referencia, en principio, buscaba explicar el proceso de la revolución de independencia en un contexto específico: Los Llanos de Apan. Seguros estabamos de encontrarnos con mecanismos específicos que fueran explicando el desarrollo del movimiento independentista en esta zona del país, aunque, en ese momento, desconocíamos cuáles serían dichos mecanismos. El proyecto contaba, para su propia fortuna, con la particularidad de que, además de la mecánica regional, también queríamos apropiarnos de la acción de un independentista de la zona conocido como José Francisco Osorno, quien, según los primeros datos encontrados, fue el caudillo más importante de la región en la época. La aventura de investigación resultaba interesante. En este sentido, cabe señalar que, conforme nos acercamos a los documentos la figura de José Francisco Osorno pasaba frente a nuestras barbas en cada uno de ellos, de aquí que, fue más una insistencia del propio personaje que una inclusión personal. Osorno es visto en toda la historiografía que sobre la región y el período se ha escrito.

                        Iniciamos la investigación, como muchos, con poquísimo material tanto bibliográfico como de archivo y sin un marco teórico claramente definido, en esta labor es justo agradecer el trabajo realizado por el Dr. Claudio Vadillo, en cuanto a la preocupación por buscar la fórmula que mejor definiera nuestro objeto de estudio. En virtud de que presentar una región como “objeto histórico” conlleva la necesidad de construirla a partir de elementos claros, coherentes y fuertemente interrelacionados para conformar una verdadera unidad espacial digna de ser estudiada y expuesta en una investigación, dicha conformación da sentido al binomio espacio-tiempo que en sí mismo es necesario e irrenunciable para entender las transformaciones que el hombre ha tenido a lo largo del tiempo. Esta fue nuestra primera premisa, dar cuerpo y sentido a una región histórica con los escasos datos con que contábamos al momento. Hicimos un recorrido por el campo teórico en cuanto a los planteamientos que la historiografía mexicana estaba manejando: visitamos los avatares de la microhistoria expuesta por el michoacano Luis González.[1] Nos acercamos a los pronunciamientos de Eric Van Young,[2] y su puerta anchísima para la historia regional donde casi todo puede caber, en virtud de que para Van Young cuando hablamos de región lo que tenemos son sólo hipótesis por demostrar; de igual forma, acudimos a Juan Pedro Viqueira[3] y nos adentramos en esa propuesta que realiza para señalar a la historia regional como el asidero de la historia total donde cabe lo social, lo político, lo simbólico, lo económico, etc. Asimismo, reflexionamos con las propuestas de Andrés Fábregas para quien la importancia de la región radica en la oportunidad de comprender la historia y las tradiciones culturales en el ámbito concreto donde acontecen “es el enfoque que nos acerca más a la realidad del país y su proceso formativo”.[4] La antropología ve a la región como el hábitat de una sociedad singular en donde tiene verificativo un proceso histórico particular. En fin, continuamos en esta búsqueda y visitamos a otros estudiosos de la región como concepto y como objeto de estudio, hasta que topamos con Ignacio del Río y su concepto de regiones humanas, él las explica de la manera siguiente: “se localizan en un espacio que es de naturaleza geográfica: La extensión de ellas, aunque se trate siempre de una extensión geográfica, no se define por la presencia de elementos naturales sino por el hecho humano; por los modos de la presencia y la acción de los hombres”,[5] con dicho concepto nos acomodamos a trabajar e iniciamos nuestro peregrinar por los meandros de los recintos archivísticos y sus montañas de papel por revisar.

                        La visita a los archivos históricos fue por demás creadora, impregnarse del añejo aroma de los documentos es lo que verdaderamente moldea el carácter del historiador y su gusto por el quehacer histórico, esta actividad permite conocer y guardar ese olor que se le mete a uno en la nariz y permanece allí por mucho tiempo, tanto como el propio historiador se lo permita. En los archivos históricos se despierta a los muertos y, en un diálogo con ellos abierto y sin cortapisas, se les asigna un nuevo papel en la historia. Basamos nuestro trabajo en los acervos del AGN y en los archivos históricos del Estado de Hidalgo ubicado éste en Pachuca, y del Estado de México que se localiza en la fría ciudad de Toluca.
                        Al avanzar con el trabajo, la cantidad de información aumentó considerablemente, no todo era susceptible de traer a cuenta, por ello procedimos a realizar un trabajo de disección, como diestros cirujanos buscamos las piezas que unieran el rompecabezas que habríamos de presentar, la intensión era explicar con solidez un proceso histórico más que mostrar solamente los hechos en sí, de esto no teníamos duda.
                        En esta lucha por desterrar las sombras, tuvimos que actuar con irreverencia frente a la cotidianidad de la gente de la época, sin invitación nos metimos a las fiestas religiosas y civiles de que participaban; llamados por la curiosidad visitamos las haciendas pulqueras que se asientan en la región, allí nos enteramos que estos centros de producción ayudaron económicamente para el mantenimiento de la guerra de independencia, los hacendados se vieron a medio camino de un fuego cruzado entre dos bandos que no fueron tan irreconciliables, como se ha podido ver con las recientes investigaciones, cuando concluye el proceso bélico; de igual forma, conocimos la división social que existía en las postrimerías del período colonial mexicano, y también, nos enteramos de algunos cantos que se entonaban en son de burla acerca del gobierno virreinal.
                        En este estudio, que siguió sus propias leyes incluida la del azar, tuvimos la fortuna de ingresar a la particularidad de la vida de un hombre que fue protagonista central de todo este proceso, el caudillo insurgente José Francisco Osorno, quien nos ofreció o dejó para consumo de los historiadores, con algunas restricciones claro, la información referente a su participación en la guerra de independencia. En esta etapa del proceso de acopio de información nos pudimos percatar que Osorno fue impulsado a participar en este movimiento movido por sus propias ideas, mismas que en algunos aspectos diferían de lo que se venía gestando desde el bajío mexicano, el control de mando de las tropas insurgentes de la zona sólo debería corresponderle a él; el mismo Osorno, en esta zona del país, tasaba el pago de aranceles que correspondía cubrir a los hacendados pulqueros para que esta bebida -el pulque- pudiera seguir llegando, con regularidad, a la ciudad de México, dentro de los vaivenes de esta compleja personalidad tenemos que incluso al “guerrillero de Apan” –mote con que lo presentan algunos historidores- se le acusa de traición al movimiento,[6] esto en virtud de que no movió un dedo por evitar un atentado perpetrado por las tropas realistas en contra de Ignacio López Rayón, cuando este jefe insurgente visitó -en los meses de junio a septiembre de 1814- la región que Osorno comandaba; este mismo hecho ofrece una de esas contradicciones que aparecen en la historia patria y que resultan tan inquietantes, toda vez que José Francisco Osorno, el caudillo insurgente de los Llanos de Apan, recibió el grado de teniente general por la Junta de Zitácuaro,[7] instancia rectora del movimiento independentista, donde uno de sus principales promotores y cabecillas era el propio Ignacio Rayón.

                        Como es sabido todas las investigaciones parten de premisas conocidas, a estas premisas les llamaremos los efectos, el trabajo del investigador, en este particular del historiador, escrutador de los acontecimientos del hombre en el tiempo, es desenredar la madeja y establecer los movimiento o mecanismo que los originan y que para nuestra comprensión llamaremos causas, tarea nada fácil sin duda, pero harto satisfactoria. El velo de sombras que cubre, todavía, a muchos procesos de la historia nacional representa un verdadero desafío al que habrá que hacerle frente. A la pregunta: ¿vale la pena seguir escribiendo historia en este mundo tecnologizado y lleno de preocupaciones por el futuro?, Respondo con un rotundo sí, desde luego que sí vale la pena continuar con nuestro quehacer; de lo contrario, cómo nos paramos frente a la ilusión del mañana sin conocer siquiera la solidez que nos ofrece nuestro pasado.
                        Con este estudio llegamos a conclusiones interesantes: logramos dar sentido a una unidad regional desde la perspectiva, ya señalada, de las regiones humanas; vislumbramos los entramados de la guerra de independencia en esta zona del país y señalamos cómo se inserta este proceso en el gran concierto de la historia nacional. Nunca fue nuestra intensión construir una biografía apologética de nuestro personaje, tomamos su accionar para inmiscuirnos en la vida de los habitantes de nuestra región de estudio; al final dejamos sentado que el caudillo insurgente José Francisco Osorno, lejos estuvo de representan, verdaderamente, los intereses de las huestes que le seguían.

                        Para concluir, con esta tesis se presentaron los elementos que dan cuerpo a lo que hemos llamado la “región de Osorno” como región histórica, entendiendo a la región histórica como la expresión de procesos sociales (humanos) conceptualizados en el tiempo con una base geográfica, de tal manera que nuestra región puede variar al cambiar cualquiera de sus elementos ya sea por fuerzas internas o externas, el ejercicio en sí mismo es interesante por las grandes aproximaciones que se mostraron, no se pretende, de ninguna manera, establecer dicha región para que ella misma sea inamovible en el espacio y en el tiempo; por el contrario, esta investigación es una puerta más que se abre en el universo de posibilidades de análisis, de ningún modo es un estudio acabado ni remotamente cerrado, este estudio desde el ámbito regional aporta muchos elementos para nuevas investigaciones, la ambición de este trabajo se centró en explicar un proceso histórico partiendo de la vida y acción de los propios actores que lo conformaron, otras investigaciones vendrán a abrir otras perspectivas de estudio, tomando elementos nuevos cuando la propia investigación así lo permita.



Ciudad de México, 22 de septiembre del 2000.




[1] Luis González.  Invitación a la microhistoria.  Sepsetentas. 1973.
[2] Eric Van Young, Haciendo historia regional: Consideraciones metodológicas y teóricas. Inst. Mora. 1991.
[3] J. P. Viqueira. Historia regional: tres senderos y un mal camino, en Secuencias.  Inst. Mora. 1993.
[4] Andrés Fábregas, El concepto de región en la literatura antropológica, Inst. Chiapaneco de Cultura. 1992.
[5] Concepto tomado de Ignacio del Río en su artículo “De la pertinencia del enfoque regional en la investigación histórica sobre México”, en Históricas, diciembre de 1989.
[6] Carlos Herrejón (investigación).  La Independencia según Ignacio Rayón. Ignacio Rayón hijo y otros.  SEP. 1985. Pág. 210.
[7] Ana Lau Jaiven y Ximena Sepúlveda. Hidalgo una historia compartida. Inst. Mora. 1994. Págs. 56-57.