lunes, 20 de enero de 2020

Violencia e identidad en la novela latinoamericana


Coloquio Memoria e identidad
Mesa 2: Memoria, Identidad, Arte y Literatura
Modera: Elena Díaz Miranda
FES-Acatlán, UNAM
Auditorio 901
12-16 de noviembre de 2007

Violencia e identidad en la novela latinoamericana[1]
Mauricio Yáñez[2]


La novela es, antes que nada, una forma de conocimiento y de auto conocimiento, es también un vínculo de identidad[3].

La presente ponencia tiene por objeto aproximarse a los nuevos sujetos de la novelística latinoamericana contemporánea. No a los personajes de manera individual, sino al colectivo social que, más allá de figurar como un mero escenario, aparece dibujado como una verdadera preocupación de parte de los autores por retratar a grupos sociales y su devenir histórico y literario. Estas historias construidas a partir del trabajo narrativo –novelesco- no necesariamente deben ser verdades históricas, aunque sí contar con un alto grado de verosimilitud en su estructura y en su trama con el fin de reflejar nuestra realidad social y al mismo tiempo, realizar la conexión entre ella y su lector.


La búsqueda de la identidad cultural latinoamericana de suyo ha sido un ejercicio arduo. En éste esfuerzo han empeñado su quehacer sociólogos, antropólogos, historiadores de la cultura y una gama variadísima de estudiosos. Lo señalado ha sido muy bien expresado en palabras del novelista mexicano Jorge Volpi: “El ser humano es el único animal que ha convertido sus obras –su cultura- en su principal garantía de supervivencia”[4].

Este esfuerzo de búsqueda ha mostrado nuestro incierto devenir histórico en ocasiones desde tiempos muy lejanos, en esas estructuras sociales que el historiador francés Fernand Braudel señalaría como “historias de larga duración”.

En otros momentos y más cercanos en la historia a nuestro presente incierto, recorrimos nuestro pasado prehispánico buscando en los grupos originarios signos y significados de nuestra alma mater. Más tarde, y ya como países independientes, el mestizaje nos ayudó a comprender los rasgos de nuestra identidad, que si bien es cierto mucho tenía de indígena, también es verdad que, para ese momento, nuestro gen ibérico se hacía presente.

Apenas en la segunda mitad del siglo anterior, esa preocupación por la búsqueda de nosotros mismos y de una clara identidad latinoamericana, nos llevó a presentarnos al mundo como lo que somos: pueblos ricos en cultura y tradición, vivos y llenos de esperanza por alcanzar estadios mejores de bienestar.

Es así como en las postrimerías de la década de los cincuenta, pero sobre todo en la de los sesenta del siglo XX, la novela latinoamericana se esforzó por hacerse presente en el mundo literario a través de un concierto de obras llenas de lo que a la postre sería denominado como “realismo mágico”, con lo cual nuestra identidad latinoamericana quedaba descrita en dos mundos paralelos: uno en lo histórico-objetivo y otro en el mundo de lo fantástico. Con el paso del tiempo, esta temática de lo real e imaginario se ha ido desplazando a nuevas formas de interpretar, desde el mundo de la novela, el presente.

El boom de la novela en la América Latina nos muestra mundos cuasi irreales pero al mismo tiempo muy vivos y cercanos a nuestros pueblos. “Macondo” en Cien Años de Soledad de Gabriel García Márquez o “Comala” en la obra de Juan Rulfo, son el botón de muestra de lo que queremos señalar. Por poner tan sólo un ejemplo: El mundo mágico de Arcadio Buendía bien se puede ubicar tanto en el caribe colombiano como en algún punto lejano de la selva chiapaneca mexicana. Pero no es sólo el mundo de la familia Buendía el que rastreamos a través del sueño de García Márquez, sino el de toda una comunidad que los acompaña en su histórico transitar por la tierra de la literatura.

Esos mundos fantásticos y llenos de ferviente ilusión son una hipótesis literaria, una apuesta por un ideal posible; no obstante, vemos que cada día se alejan más estas expresiones paralelas y ceden el paso a nuevos mundos, más reales pero también con una brutalidad mayor en sus prácticas de convivencia.

Posteriormente y en apego a lo señalado por Nelson González-Ortega[5], arriba al mundo la novela “postboom”  o “postmacondiana”, con lo cual se dibujaron escenarios llenos de un flujo de expresiones revolucionarias, de cambio y despertar.

Por otra parte, para este momento histórico, en México tuvimos la presencia de lo que los entendidos llaman “literatura de la onda”, en la cual nuestros jóvenes escritores querían plasmar las transfiguraciones que su sociedad estaba experimentando en ese momento. Lo hicieron mediante gritos de libertad juvenil. Nos referimos a obras como De perfil, de José Agustín, Pasto verde de Parménides García Saldaña y Gazapo de Gustavo Sainz, entre otras.

En este caso permítaseme una digresión. José Agustín ha señalado que la autora de este adjetivo “literatura de la onda” a la obra reunida de varios jóvenes escritores, que en su momento hablaron de drogas, sexo, comunas y rock, fue la escritora Margo Glantz en su libro Onda y escritura en México (Siglo XXI, 1970), pero el mismo José Agustín ha rechazo este calificativo, las veces que ha tenido oportunidad de hacerlo[6].

Coincidimos con las palabras del español Francisco Umbral, cuando señala que, en general, la novela del último cuarto del siglo XX retoma los patrones narrativos clásicos: el interés por el argumento, el desarrollo lineal de la historia y la voz única del narrador. Predominan los temas urbanos, los personajes antiheroicos y un estilo muy cuidado[7].

Llegando a nuestros días. La novela latinoamericana contemporánea ha evolucionado al mismo ritmo que la sociedad, al grado de presentarnos a colectivos sociales opacos y, en algunos casos, hasta desesperanzadores, por ello consideramos que en el momento actual existe un elemento común que da sentido a un grupo de novelas, en apariencia dispersas, cuyas temáticas abordan, también, diversos mundos, como por ejemplo el de los migrantes, la guerrilla, narcotráfico, figuras de poder, desplazados, etc. Ese elemento común es la violencia como identidad en América Latina. Para tal efecto, repasaremos algunos ejemplos del contexto histórico y literario en la novela de Latinoamérica.


Obras como Abril rojo, del peruano Santiago Roncagliolo; Noticia de un secuestro, de Gabriel García Márquez; La mara, del recién fallecido Rafael Ramírez Heredia; La fiesta del chivo, del peruano-español Mario Vargas Llosa, La multitud errante, de la colombiana Laura Restrepo; La Virgen de los sicarios, del también colombiano Fernando Vallejo; Santa Evita, del argentino Tomas Eloy Martínez; La Silla del Águila de Carlos Fuentes, entre otras, son un reflejo de las transformaciones sociales que el siglo XXI ha traído con él y de cómo la novela se ha apropiado de estos personajes. Las nuevas identidades colectivas latinoamericanas quedan identificadas en la novela actual, pues en ella existe una notable riqueza de argumentos respecto a ellas.

En este momento, y como ejemplo de lo que quiero señalar sobre la irrupción de la violencia en nuestra sociedad latinoamericana, traigo a cuenta palabras de García Márquez en su obra Noticia de un secuestro, referentes al desconcierto de la sociedad colombiana cuando los capos de la droga se hacen presentes en la vida social de ese país:

“Colombia no había sido consciente de su importancia en el tráfico mundial de drogas mientras los narcos no irrumpieron en la alta política del país por lo puerta de atrás, primero con su creciente poder de corrupción y soborno, y después con aspiraciones propias”[8].

En otra cita del mismo texto señala que:

“(Los Extraditables) Pretendían también que los consideraran delincuentes políticos, y les dieran en consecuencia el mismo tratamiento que a las guerrillas del M-19, que habían sido indultados y reconocidos como partido político”[9].

Este tema, el del narcotráfico, también ha sido abordado, entre otros autores, por Fernando Vallejo en su novela La virgen de los sicarios (1994).

El mundo de las drogas y la guerrilla aparecen marcadamente en el último tercio del siglo pasado en Colombia, trastocando la civilidad del país y dándole, desde luego, un sesgo a la literatura que se genera en dichas tierras. Giro que traerá, para los temas literarios, los mundos que conllevan los personajes centrales de estas tramas y los grupos de afectados por las mismas.

Por otra parte, la también colombiana Laura Restrepo ha sabido dibujar perfectamente el mundo de los desplazados por la ocupación de la guerrilla en comunidades enteras, ella señala, en su novela La multitud errante, lo siguiente:

“El albergue (para refugiados de la violencia), estaba ya de por sí copado hasta el tope la tarde en que llegaron los cincuenta y tres sobrevivientes de la masacre de Amansagatos.  Lograron escapar de la prepotencia armada de la guerrilla tirándose con niños, ancianos y heridos a las aguas del Opón y atravesando la selva en extenuantes jornadas nocturnas; por el silencioso cauce del río”[10].

Y, sin duda, Laura Restrepo sabe de lo que está hablando en el tema de la guerrilla colombiana. Una de sus obras más importantes es Historia de un entusiasmo[11] publicada en 1986 que surge de su trabajo y compromiso en la Comisión Negociadora de Paz entre el gobierno y la guerrilla colombiana, en el año de 1984.

También vemos, a través de la novela, la cerrazón de parte del poder político por darle reconocimiento a grupos subversivos que aparecieron y, en algunos casos, siguen apareciendo por toda nuestra América Latina. En ese sentido, me parecen muy representativas las palabras del novelista Santiago Roncagliolo, en su obra Abril rojo, ganadora del premio Alfaguara de novela 2004, refiriéndose a la guerrilla de Sendero Luminoso en el Perú, cuando el personaje central de esta novela, el fiscal distrital adjunto Félix Chacaltana Saldívar, informa a su superior que la comisión de un homicidio pudo deberse a rescoldos senderistas, el comandante militar de la zona lo increpa: “Está usted paranoico, señor fiscal. Aquí ya no hay Sendero Luminoso…  Grábese en la cabeza una cosa; en este país no hay terrorismo, por orden superior. ¿Está claro?”[12].

Es decir, las instancias de poder quieren que, como ellos, cerremos los ojos ante ciertas realidades inocultables o bien, que por decreto desaparezcan todos los lastres sociales que hemos venido arrastrando desde tiempo remotos.

En este concierto de soledades humanas y abusos constantes, nos encontramos también el mundo de los migrantes, que han decidido dejar a sus muertos, como lo diría Juan Rulfo, en la búsqueda de mejores derroteros. Apuesta en la que muchos han perdido todo, incluyendo la vida. Mundos que, punto aparte, nos muestran uno de los mayores rasgos de violencia social en nuestras sociedades contemporáneas, donde los abusos son el pan de cada día. Resulta muy ilustrador la forma en que Rafael Ramírez Heredia trató este tema en su novela La mara, en la cual podemos tener una pincelada del inframundo en que se mueven los centroamericanos que intentan llegar a los Estados Unidos y como, para ello, tienen que atravesar nuestro territorio en el cual, en muchas ocasiones nos le va nada bien: Aquí una breve cita:

“Los migrantes sólo saben de lo largas que serán las noches. Ruegan por tener la suficiente fortaleza para seguir aferrados a su reducto, que defenderán con malévola fibra”[13].

Otro tema que también es importante rescatar en la voz de nuestros novelistas, y en este concierto de laceraciones sociales, es cómo la presencia de esta violencia y muerte se ha vuelto de una cotidianidad asombrosa. Mario Bencastre en la novela Disparo en la Catedral, referente a la guerra interna en El Salvador, señala que la convivencia frecuente con la muerte nos vuelven no sólo insensibles sino hasta despreocupados por su familiar cercanía. Sobre este asunto permítaseme una cita un poco extensa:

“La siguiente mañana, sumamente preocupado por la ausencia de Lourdes, me dirigí a esperar el autobús al trabajo. La noche había sido de terrible incertidumbre, ansiedad y vigilia… En la esquina opuesta, varias personas examinaban unos cuerpos que descubrieron en la basura y trataban de establecer su identidad. La curiosidad me hizo atravesar la calle. Se cubrían la nariz y con palos de escoba espantaban ratas escondidas entre los cuerpos en descomposición. Sentí un gran alivio al comprobar que ninguno de los cadáveres se parecía en lo más mínimo a Lourdes. Regresé a unirme al grupo que esperaba el autobús. El incidente de la esquina opuesta continuaba siendo el tema de conversación entre varias personas. Otros hablaban de lo caro que estaba todo y lo fácil que era amanecer muerto en medio de la calle”[14].

Nuestro recorrido, a través del mundo de la novela latinoamericana y de cómo en ella se refleja predominantemente el tema de la violencia social en sus diferentes formas, podría ser más exhaustivo, pero lo que hemos intentado es hacer patente esta preocupación mediante un breve examen a la novela latinoamericana contemporánea.


En conclusión: podemos decir que las nuevas identidades colectivas latinoamericanas quedan perfectamente identificadas en la novela actual como sociedades en una disputa violenta por y para el poder. Ello no es sólo una afirmación de facto, es una síntesis de lo que la sociedad de  Latinoamérica está viviendo y su novelística ha rescatado, que punto aparte, debemos decir, está muy bien elaborada y con mucha riqueza en sus ideas.

Carlos Fuentes así lo señala en su novela La silla del águila, obra que se refiere a las luchas por el poder político en México. La afirmación de Fuentes se expresa cuando en una carta de Maria del Rosario Galván a Nicolás Valdivia, personajes centrales de este texto, le dice:

“México está teñido de ríos ensangrentados y cavado de barrancas fúnebres y sembrado de cadáveres insepultos. Ahora que debutas en política, mi bello, deseable amigo, jamás pierdas de vista el desolado panorama de la injusticia que es la sagrada escritura de nuestras tierras latinoamericanas”[15].

Palabras lapidarias escritas por Fuentes, que no dejan lugar a la duda de nuestro germen y tradición de violencia en pro del poder, ya sea este económico o político.

Mismo tema, el del poder político y sus entretelones, lo observamos también en la novela Santa Evita de Tomás Eloy Martínez, en la cual este argentino, más allá del anecdotario mezclado con aportes de la fantasía en torno al manejo y desaparición del cadáver de Eva Duarte de Perón, plasma los avatares del pueblo marginal, de “los descamisados”, de los que menos tienen y que lloran e incluso rezan, ante la muerte, en el año de 1952, de su santa y mártir Eva Perón.

Otro ejemplo es La fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa.

A través de este recorrido histórico literario, observamos como se ha ido trastocando la temática de nuestra novelística latinoamericana. La novela ha rebasado lo fantástico y cuasi surrealista, para dar paso a un realismo lacerante que se inscribe como tendencia temática del nuevo siglo.

Pienso que hemos realizado un esfuerzo por comprender la identidad latinoamericana a través de sus novelas que, sin menoscabo de las ciencias sociales, son una rica fuente de estudio para acercarnos al imaginario de nuestra propia identidad colectiva y pueden servir como complemento a los trabajos que se estén realizando desde otras trincheras.


¡¡MUCHAS GRACIAS!!


México, D.F., 15 de noviembre de 2007





[1] Ponencia Presentada en el Coloquio “Memoria e Identidad”, organizado por el Claustro de Historia de la FES-Acatlán/UNAM, el 15 de Noviembre de 2007.
[2] Mauricio Yáñez es historiador y narrador, también es profesor de la materia de “Historia de México Contemporáneo” en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH).
[3] Jorge Volpi señala que la novela “…es un vehículo para la transición de ideas y emociones, convertidas en historias…  Al igual que la ciencia, la filosofía o las ciencias sociales, la novela es antes que nada una forma de conocimiento”.
Volpi, Jorge. “notas sobre el arte de la novela” en Revista de la Universidad de México. Nueva época, No. 12. Febrero de 2005.
[4] Volpi, Jorge. Op. cit.
[5] González-Ortega, Nelson. La Novela Latinoamericana de Fines del Siglo XX: 1967-1999. Hacia una tipología de sus discursos.
Proyecto de investigación “Nuevas voces en un mundo plural: un estudio de las narrativas hispánicas de fines del siglo XX”. Universidad de Oslo, Noruega.
[6] José Agustín. “La onda que nunca existió” en Revista de crítica literaria latinoamericana. Año XXX, No. 59. Lima-Hanover. Primer semestre de 2004. págs. 9-17.
[7] Tomado de la página web: www.kalipedia.com
[8] García Márquez, Gabriel. Noticia de un secuestro. México. Diana. 1996. pág. 31.
[9] García Márquez, Gabriel. Op. cit. págs. 93-94
[10] Restrepo, Laura. La multitud errante. Colombia. Palneta Colombiana. 2001. pág. 129.
[11] Restrepo, Laura. Historia de un entusiasmo. Colombia. Aguilar. 2005. pp. 385.
[12] Roncagliolo, Santiago. Abril rojo. México. Alfaguara. 2006. págs. 45-47.
[13] Ramírez Heredia, Rafael. La mara. México. Alfaguara. 2004. pág. 15.
[14] Bencastro, Mario. Disparo en la Catedral. México. Diana. Pág. 153.
[15] Fuentes, Carlos. La silla del águila, México. Alfaguara, 2003. Pág. 23.

viernes, 26 de julio de 2019

LA NOCHE DE LAS BALLENAS

                                                                            

             

La noche de las ballenas[1]
Mauricio Yáñez


Conejo, pingüino:

Quisiera ser una ballena para poder tragarte. Empezaría por donde tú ya sabes… y terminaría de comerte por las nalgas. Esas nalgas tuyas tan peludas, tan duras, tan entrañables, lo mismo que tu barbilla acariciándome con esos vellos siempre finos, siempre amándome.
Sí, quisiera ser ballena para comerte completo y no dejarte ir nunca más. Tenerte dentro de mí, como en aquellos días en que verdaderamente te sentía dentro de mí, remolineándote, entrando y saliendo una y otra vez hasta siempre.
Eres conejo por tu manera de ser saltarín, inquieto, por tu disposición a amarme, por tu locura por mi sexo que ahora te gime, te extraña. Pero también eres pingüino porque eres aparente, siempre disfrazado con un traje de adulto para que la gente no te reconozca y descubra que en realidad eres un conejo, un conejo saltarín en mi cama. ¿Desde cuándo no he visto al conejo?

                                                                                       La ballena



            Esta fue la primera carta que Marcia le mandó, usando como paloma mensajera a su amiga, aquella que trabajaba muy cerca de donde laboraba él y que fue, al mismo tiempo, el vehículo que utilizara el destino para que Marcia lo conociera.

                        Desde el principio de la relación Marcia se sabía en desventaja. Él nunca ocultó su condición de esposo y padre. Nunca le prometió nada, sólo aquellos momentos que le pudieran robar a la rutina, entrevistas fugaces y casi siempre para tener sexo, encuentros que invariablemente terminaban mucho antes del amanecer. Sólo relaciones vampíricas, para morir antes de la salida del sol.

                     

Lo conoció en una fiesta en que la amiga-mensajera invitó a Marcia.  Rítmicamente se dejaron llevar. Desde el primer instante se amaron, siempre en el departamento de ella, comprendiendo la fragilidad del juego, la no renuncia a la condición previa. Marcia y su impotencia.

Ausencia:

No he podido acostumbrarme a tu partida. Te grito cada segundo por cada milímetro de mi piel y de mi ser, porque desde que te fuiste conocí que yo soy dos. Una es sólo cuerpo que hace todas las cosas que hacen los demás cuerpos: duermo -a veces-, me baño -tres veces diarias-, como -sólo lechugas-. La otra no tiene nada que ver con la primera, esta otra grita más fuerte, es la que te recuerda, suspira por tus retozos en mi cama, es la que verdaderamente siente cuando estás dentro de mí, es ella y no la primera, la que ha enmudecido desde ayer, o desde hace siglos y no quiere volver a hablar, por eso la odio.
Conejo, conejo saltarín, ¿cuándo volverás a saltar sobre las dos?

                                                                       La ballena que come lechugas
                                                                                   por falta de conejos


                        Esta segunda nota fue enviada por Marcia, nuevamente vía la amiga-mensajera, a los diez días que él le comunicó que no volvería. La amiga le pidió que fuera a verla tan sólo para regresarla al mundo, él se negó.

                        La relación de ellos duró sólo dos años, inconstante, pero siempre con un regreso, una vuelta a la tuerca de las improbabilidades. Se fustigaron hasta la saciedad. Cada regreso fue más violento y más breve, hasta que no hubo más.


Conejo, ausencia, pingüino:

Desde ayer empecé a escribirte, he escrito miles de letras y no entiendo por qué la hoja sigue en blanco, quizá las perdí. Eran un recuento de los días de la infancia en que los conejos no me inquietaban ni los padecía. También escribí de los años de escuela, días y años largos; así, escribiendo, te vi pasar por la hoja en blanco y anoté los saltos de un conejo que retozaba en mi cama, que al inicio de la tarde se metía dentro de mí y en el transcurso de las duermevelas desaparecía hasta la tarde siguiente para volver a retozar en mi lecho y volver a meterse en mí.
Este cuerpo que sirve para que el conejo duerma conmigo está húmedo por la ausencia, esperando que alguien regrese, el conejo saltarín o el pingüino formal. Cuerpo que sigue dispuesto a transformarse en ballena para alimentarlo dentro de ella y no dejarlo escapar.

                                                                La ballena que espera


                        Fue la tercera carta escrita por Marcia. Su aliada, la entregó religiosamente, aguardando la posibilidad del retorno, esperando, viendo pasar las lluvias.


Tultitlán, México, 31 de julio de 1999.



[1] Publicado en el Boletín Cultural ENAH. Órgano informativo y cultural de la Escuela Nacional de Antropología e Historia. No. 14, marzo de 2003, Páginas 11-12.

lunes, 22 de julio de 2019

EXPERIENCIA DOCENTE EN LA ENSEÑANZA DE LA HISTORIA DEL SIGLO XX


III SEMINARIO DE PENSAMIENTO CRÍTICO, MEMORIA E HISTORIA.

Escuela Nacional de Antropología e Historia
Licenciatura en Historia

PIF: México Siglo XX. Cultura, Estado nacional, sociedad industrial mexicana e historia inmediata

VIERNES 1° DE JUNIO DE 2018


MESA REDONDA:
EXPERIENCIA DOCENTE EN LA ENSEÑANZA DE LA HISTORIA DEL SIGLO XX

Participan:

Dr. Arturo Luis Alonzo Padilla (Historia-ENAH)
Hist. Mtro. Jesús Melecio Alonso Illescas Cerda (Historia ENAH)
Hist. Gustavo Rosales Martínez (Historia-ENAH)
Hist. Silvia Verónica Vázquez Salas (Historia-ENAH)
Hist. Mauricio Yáñez Bernal (Historia-ENAH)

17:00 h
Sala de Consejos Margarita Nolasco



Ejes de la discusión para la mesa la experiencia docente en la enseñanza de la Historia del siglo XX.

Digresión o Introducción

·       La historia es la ciencia de la “sospecha” y, por ende, los historiadores también son vistos con recelo. La duda es su principal virtud.
·       Se ha equivocado de disciplina quien aspire a ser un hombre de dinero, prestigio o poder.
·       Los historiadores somos la entelequia humanista por excelencia.

1. Experiencia en la enseñanza de la Historia para Historia Universal siglo XX o de México siglo XX.
1.1 Dificultades en la impartición de contenidos.

·       Experiencia de 20 años impartiendo clases a nivel licenciatura en la ENAH.
·       La principal dificultad con la que me he enfrentado es que el grupo no “reclame” capacidad al profesor y que no se comprometa con la clase. Cuando el grupo es apático la materia se vuelve pesada y aburrida.

 
1.2 Métodos didácticos y estrategias de aprendizaje.

·       Parafraseando a Don Luis González y González (Difusión de la Historia, 1998), debemos formar historiadores filósofos, científicos o académicos y narradores o cronistas. Los historiadores filósofos son aquellos que rebuscan los por qué a través del pensamiento abstracto y en corrientes teóricas cuyas explicaciones son, en la mayoría de las veces, ininteligibles. Los historiadores científicos o académicos, son aquellos que aún hoy día se desviven por la recolección de materiales, una pesada crítica de fuentes, excesivas síntesis de datos y exposiciones lerdas de procesos económicos y sociales que escriben extensas monografías, aunque éstos gozan de buena salud, pues reciben premios y cátedras de renombre en las universidades, son poco digeribles por el gran público. Los cronistas son aquellos hombres y mujeres que se ocupan de los sucesos importantes independiente de su estirpe y se ufanan en hacer accesible al público dicho suceso.

·       Con el presupuesto anterior, nosotros hacemos que cada quien se ocupe de los temas de su mayor interés, así que la manera de trabajar es que cada alumno escoja qué temas desea abordar, ya sea en exposición colectiva o mediante un ensayo.
  
1.4 Retos por resolver.

·       El principal reto a resolver es cómo nos enfrentamos a las nuevas tecnologías y cómo aprovechamos su uso. Parece ser que la revolución tecnológica se nos adelantó.
·       En el salón de clase los alumnos están checando en la Internet los datos que el profesor va señalando.
·       Otra situación que debemos afrontar son los vacíos que se encuentran dentro del programa de estudios, por ejemplo, hace falta trabajar temas bajo el mirador de la historia comparada para mirar a un tiempo lo que pasa en diversas latitudes, o desde la premisa teórica de la historia marginal. Ésta última, la Historia Marginal es vista como esas historias de arrabal, en la que lo cotidiano es sustento y materia para su estudio, tales como poblaciones fluctuantes, niños, ancianos, migrantes, refugiados, desplazados, enfermos mentales, presos y un largo etcétera.
·       El tiempo actual, nuestro tiempo, es un momento en que la sociedad se encuentra con una moral devastada, enferma, en situación de crisis, con una mirada del fin de los tiempos, sin sosiego, en donde lo marginal, aunque sea ordinario, causa temor a la sociedad, por eso se excluye, no tiene cabida.
·        
 

2. En que forma se divide didácticamente la enseñanza y los periodos a estudiar.

·       Para su mejor comprensión, nosotros hacemos cortes sexenales.
·       Abordamos problemáticas tanto políticas como sociales y culturales, básicamente partimos desde el mirador de la historia social.
·         
3. ¿Cómo se vincula el aprendizaje con la formación del historiador y la reflexión ética de la disciplina?

·       El historiador debe ser un ejemplo vivo de trabajo, honradez y veracidad.
·       Como parte de nuestro compromiso social, nos responsabilizamos de abrir espacios para el diálogo entre diversos sectores de la sociedad.
·       Sin embargo, la disciplina no busca buenos o malos en la historia. No hacemos juicios de valor moral, ni nos detenemos a encasillar a los personajes por sus vicios o virtudes públicas o privadas.
·        


Presentación del Libro “PATIBULARIO (CUENTOS AL FINAL DEL TUNEL)”




Presentación del Libro
“PATIBULARIO (CUENTOS AL FINAL DEL TUNEL)”
 de Ulises Paniagua
Ciudad de México, Museo Mural Diego Rivera
8 de septiembre de 2011
mauricio yáñez


Conforme al decir de los clásicos, el cuento es la representación excelsa de la creación narrativa. En su breve espacio se construyen historias cuya trama queda asentada en la mente de los lectores. Y, sin duda, ésta es su mayor cualidad, la impregnación de lo contado de una vez y para siempre. El cuento es un flashazo, es una entrada inesperada, es el repentino goce de los sentidos. Es todo eso y más.

Los acuciosos creadores de estas breves ficciones, son una rara especie de narradores que huyen de los largos entresijos de las novelas. Artesanos que no dan cuenta de lo general, ni se pierden en laberínticas explicaciones superfluas, sino que atacan de forma decidida el detalle trascendental para la historia contada. Un creador de cuentos se deleita en la minuciosidad de sus ficciones y, como una constante, cubre los poros por los cuales se le pueda escapar el efecto buscado.

Las entrañas de un cuento se van mostrando sin recato para atrapar al lector, llevándolo al paroxismo en un final, la mayor de las veces inesperado e inteligente, que lo hace sonreír y releer la pieza. Los que somos asiduos lectores de cuentos, buscamos que la obra en cuestión no nos dé tiempo para la fuga, que nos atrape en un santiamén.

Por otra parte, los cuentos llamados fantásticos, muy al estilo de Borges o Cortázar, son esas piezas que buscan un más allá, es decir, su factura está sustentada en sucesos irreales, alucinados, que trastocan su propia vida en pro de una amalgama de situaciones particulares y únicas que, las más de las veces, se mueven en mundos disociados de nuestra pobre realidad, pero siempre conservando el suficiente grado de verosimilitud para la obra misma.

 
El libro PATIBULARIO (cuentos al final del túnel), de Ulises Paniagua, son historias narradas al filo de lo real imaginario. Lo mismo nos encontramos con una colmena humana cuya vida sufre una terrible metamorfosis en Relato de una coronación, o bien observamos el transitar, en mundos paralelos, a los protagonistas de Mi boda el día de o en Lluvia ácida. También, en este conjunto de pinceladas narrativas, Ulises Paniagua nos traslada a verdaderos desafíos sociales, no por ello menores en su concepción, ni lejanos de una grata lectura, en sus cuentos Un domingo en el estadio, El ejecutor y Con boleto al inframundo. El primero de éstos, Un domingo en el estadio, que se refiere a la violencia que ejercen las masas anónimas en un estadio de fútbol y cuyo sangriento final queda registrado en la mente de Púber, el protagonista; El ejecutor, que se convierte en ese “ojo que todo lo ve” y no transige ante la corrupción burocrática; y Con boleto al inframundo, en el cual se acusa del daño ecológico que se está ejerciendo sobre nuestro planeta.

Asimismo, dentro de este mundo bizarro en que se convierte PATIBULARIO, se nos presentan un par de obras de corte existencialista en Historia de la trágica y misteriosa desaparición de la señorita Poesía y en La vida me visita. En ambas obras nos encontramos con la búsqueda de una razón para la vida.

Estimo que PATIBULARIO (cuentos al final del túnel), tiene garantizada una saludable vida en el escenario de las letras, no me resta más que recomendar su lectura. Enhorabuena por este esfuerzo.

Muchas gracias.


jueves, 4 de mayo de 2017

Presentación del Libro “El Misterio de la Noche Polar”


Presentación del Libro “El Misterio de la Noche Polar” de César Guerrero (Editorial JUS, 2011)
Casa del Libro
Ciudad de México, 6 de octubre de 2011

mauricio yáñez




Acerca del autor

Conozco a César Guerrero desde hace seis o siete años, quizá más. Pero donde lo conocí realmente fue un viaje que, por motivos de trabajo, hicimos juntos a la ciudad de Monterrey, en febrero de 2006. Ya antes lo había visto rondando por los pasillos de la Secretaría de Educación Pública. Muy al principio sólo intercambiábamos un “Hola” y un “Hasta luego”, pero fue allá en Monterrey donde supe de su afición por el mundo de las letras, particularmente por la poesía y la novela.

Posteriormente, César me acercó un ejemplar de cada uno de los libros de poesía que ya para ese momento había publicado: Apuntes del subsuelo (2002; ediciones Urdimbre, 2005), Como el viento y el árbol (Tinta nueva, 2004) y En la pureza del azul (Ediciones Urdimbre, 2005). Por mi parte, le acerqué un par de fotocopias de cuentos míos publicados en boletines estudiantiles, casi nada.
 
Este hecho, conocerlo a través de sus libros, me llevaron a husmear por la intimidad de un hombre sensible, con una pasión e inspiración desbordantes y muy inteligente, mago de las letras.

A partir de esos momentos empezamos a tener una serie de encuentros cotidianos hasta lograr darle forma a un taller literario. Taller que sólo contaba con dos miembros: César y yo. Es decir, por medio de las inquietudes literarias de ambos, fraguamos un mundo que nos acercó en el terreno de la amistad. Me congratulo de contarme entre sus amigos.

Acerca del libro

El misterio de la Noche polar, es un libro de aventuras que bien podría inscribirse bajo lo mejor del sello de los libros de aventuras del siglo XIX, muy propio del estilo de Salgari o Stevenson. César Guerrero nos transporta a un pasaje de la vida del británico Arthur Conan Doyle. En ese momento de su biografía personal, Doyle está aún muy lejos de pensarse como el famoso creador, del todavía mucho más famoso, detective Sherlock Holmes.

Varios son los atributos de la obra de César Guerrero: Es una novela con un lenguaje sencillo y claro y, para quienes no estamos tan cerca de los asuntos marítimos, ayuda enormemente el glosario de términos navales que aparece en las páginas finales del mismo libro. La trama de la obra mantiene el interés del lector desde sus primeras páginas hasta las finales, en las cuales poco a poco se van desenredando cada uno de los misterios que dan cuerpo a la trama de esta obra. Los asiduos lectores de novelas de misterio e intriga agradecemos el esfuerzo del autor, por mantenernos en vilo durante toda la lectura. Las pistas que va dejando César Guerrero, son apenas unos guiños que el lector acucioso de este género de literatura sabrá reconocer. De ninguna manera se desentrañan las interrogantes antes del momento adecuado, César maneja con maestría los tiempos del relato y el momento en que debe aparecer cada una de las revelaciones.

Sin ninguna dificultad somos transportados a las gélidas aguas del casquete polar y, al dejarnos llevar en la misma lectura, viajamos al lado de esos hombres rudos, y supongo mal hablados, que forman la tripulación del Esperanza, el barco que acoge a Doyle como médico de a bordo. Imagínense a la tripulación del Esperanza, un sábado por la noche, bebiendo grog y cantando canciones de mar ¡una verdadera taberna sobre el mar ártico! Cesar Guerrero logra que nos adentremos en el imaginario propio de los hombres de mar. Los personajes de esta obra se nos presentan muy cercanos a nosotros, claro, con sus propias intimidades.

Otro de los grandes méritos de El misterio de la noche polar son los paisajes. Nos podemos imaginar las luminosas mañanas, características en esas zonas del mundo, nos deslumbran de tan brillantes; lo mismo, somos atrapados por la inmensa oscuridad de las noches polares, cuyo manto cubierto de estrellas sirve como escenario para atraer las más interesantes intrigas que dan cuerpo a las investigaciones del joven Conan Doyle. En algunos pasajes de la novela, incluso, nos vemos como un marino más ocupados en las amarras de las velas del Esperanza, o remando en una lancha ballenera al momento de la caza de algún cetáceo. Con sus letras, Guerrero nos lleva de la mano para sentir la helada brisa y adentrarnos en este mundo complejo y único. El salobre aroma de las aguas marinas, se respira en cada página de esta novela.

La literatura actual

Por otra parte, El misterio de la noche polar, nos trae vientos de frescura ante las temáticas que han colmado las letras nacionales en los últimos tiempos, en específico me refiero a las novelas con temas que sólo versan en asuntos de la droga y lo que alrededor de ésta se encuentra.

César Guerrero nos presenta una obra que, para fortuna de todos, regresa a lo mejor de la novela de aventuras con todos y cada uno de los atributos de ésta. Tenemos ante nosotros un libro que, espero, los jóvenes y los no tan jóvenes disfrutarán muchísimo, quizá tanto como lo he disfrutado yo mismo.

Estimo que El misterio de la Noche polar tendrá una larga y fructífera vida en el mundo de nuestras letras. No me resta más que agradecer a César Guerrero por este esfuerzo.

Muchas gracias.